Libertad de asociación

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[Francisco Costa] Libertad de asociación estudiantil

Hace aproximadamente un año y medio el Centro de Estudios Equidad realizó un informe que dio a conocer la vulneración a la libertad de asociación que se da en las federaciones de estudiantes. Este derecho, reconocido por más de 100 años como Hzuna prolongación de las libertades de pensamiento, expresión y reunión, está consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos tanto en su versión positiva (“toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas”) como en la negativa (“nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación”). Ambas son libertades protegidas por nuestra legislación, pero su faz negativa es vulnerada de manera sistemática por las organizaciones estudiantiles. Cuando esto se discutió por primera vez en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso los movimientos que hoy dominan a la Confech se opusieron tajantemente a reconocer ese derecho. Pero, desde entonces, gracias a la determinación de muchos, al menos tres federaciones de distintas ciudades han reformado sus estatutos para actuar acorde con la normativa nacional e internacional. La última fue la FEUTSM, que reformó su estatuto con un 83% de aprobación. ¿Vendrán desafiliaciones masivas? Nadie lo sabe, pero si una institución sufre este fenómeno es porque tiene problemas de representatividad desde antes. Sí podemos estar seguros que desde hoy esas federaciones asumen un nuevo deber: representar la voluntad de sus afiliados, velar por la responsabilidad, probidad y transparencia en su actuar, y lograr -sin obligar- que los estudiantes se sientan comprometidos a crear poder estudiantil.   Leer en LA TERCERA

Alexandro Cea: Libertad de asociación, la deuda del Movimiento Estudiantil [El Quinto Poder]

          La libertad de asociación es un derecho humano reconocido por más de 100 años como una prolongación de las libertades de pensamiento, expresión y reunión; consagrado no sólo por la Constitución Chilena, sino también por diversos tratados internacionales sobre derechos fundamentales, incluyendo la Declaración Universal de Derechos Humanos.           En nuestro país, este derecho es cuidadosamente respetado en todos los espacios de la vida nacional. Juntas de vecinos, clubes deportivos, asociaciones gremiales, sindicatos y todas las demás formas de organización social entregan a cada persona la decisión de afiliarse o desafiliarse libremente de ellas. Sin embargo, aún tenemos un espacio en que esta decisión personal no existe y la libertad de asociación es abiertamente vulnerada: la organización estudiantil.           Hasta el día de hoy, a ningún estudiante se le ha preguntado si quiere o no formar parte de alguna organización para hacerse representar por ella. Las Federaciones de Estudiantes dicen hablar por todos y cada uno de los estudiantes de sus casas de estudio, cuando la verdad es que a ellos no les queda otra alternativa que verse obligatoria y forzosamente representados por éstas.           A nivel universitario, hemos caído en un severo dogmatismo demagógico que nos ha impedido, hasta ahora, analizar desde la razón y de manera crítica un sinnúmero de elementos que hemos tenido por dados, los cuales nos han sido presentados como ciertos e incuestionables. ¡Y no hay peor lugar para la letargia intelectual que la universidad!           Si analizamos la realidad nos encontramos con que, además de niveles de participación preocupantemente bajos, la generalidad de las organizaciones estudiantiles cuentan con sistemas