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Ya han pasado los tiempos de analizar el fracaso electoral del Movimiento Gremial UC este año, aunque en realidad nunca tuvo mucho sentido. Esta vez la derrota fue frente a los “hijos Chávez y de Fidel”, y éstos no ganaron engañando. Todos vieron el video. Todos votaron sabiendo por qué ideas votaban. Este año más que de un fracaso electoral hablamos de una derrota profundamente ideológica.

Por esa razón, y habiendo pasado ya un tiempo desde la derrota, hoy lo que toca es indagar en  la fuente de las ideas que están siendo derrotadas: el gremialismo. Un gremialismo que muestra una serie de inconsistencias accesorias que dificulta a sus defensores la tarea de generar un relato coherente. Un gremialismo que, en un nivel un tanto más profundo, se construye sobre la base de un entendimiento decimonónico de Sociedad que no da el ancho a la hora de comprender la realidad para explicar desde ella sus principios.

Podemos encontrar estas inconsistencias accesorias en el “folleto naranja”, el principal documento de formación de gremialistas de la Fundación Jaime Guzmán. La primera y más evidente de ellas es el expreso compromiso con “la estabilidad del gobierno militar”. La segunda, muy de la mano con la primera, es la justificación de la intervención de la autonomía universitaria por parte del estado durante la dictadura (de la que resultaron 11 presidentes FEUC gremialistas designados). Ambos puntos son abiertamente contrarios a los principios gremialistas, pero justificados en el folleto como una “excepcional y transitoria medida de saneamiento”.

La tercera de estas inconsistencias es la despolitización en la práctica del estudiante, pues si bien en la teoría el gremialismo busca la despolitización de las instituciones no políticas, más no necesariamente de las personas, en la práctica esto debiera conseguirse congregando en lo gremial a estudiantes que pertenecen a distintos partidos. Pero esto no sucede. Es mal vista la participación político-partidista. Al “autorizarse” tal participación política, en vez de consagrarse como un valor, se termina prefiriendo una “independencia” que pone necesariamente al estudiante gremialista en alguna de estas dos posiciones: o es completamente indiferente a la política nacional o busca hacer política nacional desde la universidad. La primera es reprochable en sí misma. La segunda es inconsecuentemente contraria a los postulados centrales del propio gremialismo.

Una cuarta incongruencia, vinculada a la anterior, es el establecimiento de un comodín “ad hoc” respecto del cual toda sociedad intermedia puede (y debe) pronunciarse, independiente de los fines particulares que ésta tenga: la “dignidad humana”. Este comodín ha permitido a Movimientos Gremiales y Centros de Alumnos gremialistas pronunciarse, por ejemplo, en contra del aborto, del matrimonio igualitario e incluso en favor de la inmoralidad de las relaciones prematrimoniales. ¡Un centro de alumnos gremialista tomando posturas morales completamente ajenas a sus fines!

Una última inconsistencia, que no puedo dejar de comentar, es la concepción de persona humana dotada de alma inmortal. Esta afirmación impide a quienes no comparten esta creencia adherir al gremialismo, pese a que se autodenomina como una corriente de pensamiento de “mínimos comunes”.

Estos cinco puntos críticos, planteados aquí someramente, son accesorios y fáciles de resolver si se tiene la voluntad de actualizar el gremialismo y reforzar su vigencia. Basta con defender de manera granítica sus principios centrales en todas las circunstancias. Es un simple asunto de consecuencia. Pero hay un punto crítico que emana de un tejido mucho más profundo: la idea de que toda politización es necesariamente una forma de instrumentalización, y que por lo tanto es rechazable.

Esta idea deriva de la consagración de una visión vertical de Sociedad donde el estado se encuentra omnipresente sobre todas las demás organizaciones, sobre todas las personas y sus familias. Estas organizaciones “intermedias” son divididas entre políticas, que tienen el monopolio de la actividad política en el país y sitúan su acción a nivel de la conducción del estado (como los partidos políticos); y las no políticas (todas las demás). En este contexto, la máxima del gremialismo está en rechazar toda clase de instrumentalización, “en especial la politización”, de las sociedades intermedias no políticas.

Pero la realidad es un poco más compleja que la forma como la teorizaron los pensadores del siglo XX. El estado, lejos de ser la forma más elevada de agrupación humana, como lo propone el gremialismo, es una organización más dentro de la Sociedad. El primus inter pares si se quiere, pero siempre en una relación horizontal respecto de las demás. Si bien es correcto decir que al interior del estado hay organizaciones políticas que sitúan su acción en la conducción del mismo, intentando hacerse con su gobierno, esto ocurre también en todas las demás organizaciones sociales.

Una Federación de Estudiantes contiene en su interior organizaciones políticas que sitúan su acción en la conducción de la misma e intentan hacerse de su gobierno. Lo que hace un Movimiento Gremial, el NAU o el FEL es política con todas sus letras. En el simple hecho de no comprender un asunto tan sencillo como medular está la diferencia.

El gremialismo tiene un núcleo central de alto valor, que se expresa en la simple idea de que la Sociedad funciona mejor cuando las instituciones funcionan de acuerdo a las finalidades que les son propias. De esto se deriva una valiosa oposición a la instrumentalización institucional y una sólida defensa de las autonomías sociales.

Sin embargo, tras este primer acercamiento a un análisis crítico de su contenido actual, queda en evidencia que la posibilidad de rescatar ese núcleo granítico depende de que los estudiantes del siglo XXI tengamos el coraje de pulirlo de todas las inconsecuencias accesorias que lo opacan. Pero, por sobre todo, depende de que perdamos el miedo a cuestionarlo todo, y estemos a la altura de crear una nueva teoría social que le de sustento y sea realmente capaz de expresar la verdadera riqueza y complejidad de la Sociedad.

 

Alexandro Cea
Director Ejecutivo
Centro de Estudios Equidad Ξ

 

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